June 3, 2017

La oscura historia detrás del salami que acompaña el desayuno tradicional de República Dominicana

Theodoro Rosario
Estaba sentada en un café de hotel en la ciudad dominicana de La Romana cuando la camarera deslizó mi plato del desayuno frente a mí. Era un "plato típico", el desayuno dominicano que me obsequiaban por mi estancia. Al verlo noté que era una pesada combinación de puré de mangú (plátano), huevos fritos, rodajas de queso frito y rebanadas de un crujiente, frito y extrañamente adictivo salami, lo cual parecía ser la última cosa que debería estar comiendo en un día sofocante.
Solo había estado en República Dominicana unos días y ahora sabía que este era el desayuno tradicional. Lo vi servido por todas partes, casi todos los días, y era francamente delicioso.

El salami es un elemento básico dominicano. Se come en trozos en espagueti con salsa de tomate, guisado con pimientos y cebollas, mezclado con arroz o en rodajas gruesas fritas.
Me lo sirvieron en cada una de esas variedades a lo largo de mi viaje. Era muy sabroso, pero todavía estaba un poco desconcertada.

Me preguntaba cómo una carne procesada se había convertido en un ingrediente tan básico aquí.
Parte de la popularidad del salami es debida a que es barato. Otra razón es el entorno, pues las fallas de electricidad y la falta de refrigeración hacen que tengan alta demanda las proteínas totalmente cocidas.
Pero cuando le pregunté a un médico estadounidense que había trabajado en República Dominicana durante décadas sobre la fascinación por el salami, dijo que había otra razón, una que involucra dos regímenes totalitarios, racismo profundo, el ingenio humano y la Segunda Guerra Mundial.
Con el paso del tiempo, le pregunté a dominicanos conocidos y desconocidos sobre el origen, pero nadie sabía de ese pasado.
No fue hasta que oí hablar de una pequeña comunidad judía en la ciudad de Sosúa que encontré las pistas a seguir.  Theodoro Rosario

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