April 21, 2015

¿Es Danilo, o es el embajador norteamericano?

El autor es médico, informático, productor radial y músico
Por José Figuereo Jiménez
La corrupción administrativa estatal, militar, policial, judicial, política... aparece en los medios como un problema al que los dominicanos le dan poca importancia. Esto es lo que destilan las llamadas encuestas cada vez que “miden” ese asunto en la conciencia nacional. No debo dejar de señalar, sin embargo, que no conozco a un solo dominicano al que le haya planteado el tema y que se haya mostrado indiferente al respecto.

Cuando el licenciado Danilo Medina asumió el poder, lo hizo estableciendo claramente que “no tiraría piedras al pasado”, lo cual entendimos como una declaración tipo “borrón y cuenta nueva”, sin olvidar que había desarrollado su campaña política proselitista bajo el lema “Corregir lo que está mal...”. Algunos entendimos cándidamente si se quiere que, de alguna manera, ese “corregir lo que está mal” podría implicar la sanción judicial que establece la ley sobre aquellos hallados culpables de violarla en los casos que ameriten la proclamada corrección. También entendíamos que muchas cosas no andaban bien al momento de Danilo asumir el poder y que debían ser corregidas.

A medida que fue pasando el tiempo, pudimos constatar caso tras caso, que el Poder Ejecutivo no tenía intención de hurgar en el pasado a fin de establecer las causas que determinan “lo que está mal” y actuar en consecuencia. Dio muestras, eso sí, de querer corregir algunas cosas, como el caso del contrato leofernandino (o leonino, para simplificar) entre el Estado Dominicano y la empresa minera Barrick Gold, o el caso del famoso “peaje sombra” de Díaz Rúa. A lo mejor y estas revisiones es lo que ha dado pie a alguno que otro renombrado periodista a asumir que las gestiones últimas del procurador general de la República, Dr. Domínguez Brito, obedecen al interés de Danilo Medina de que se haga justicia o de que al menos, como asumen otros, estas gestiones sean consecuencias de la lucha política entre dos grupos dentro del Partido de la Liberación Dominicana. No creo ni lo uno, ni lo otro.

Al Poder Ejecutivo llegaron, vía la Procuraduría, varias querellas señalando corrupción. Recordemos aquella contra el expresidente Leonel Fernández y sus alegadas acciones de lavado de dinero en favor de Funglode; ni la fiscal del DN, Yeni Berenice, ni el procurador Domínguez Brito encontraron sustento en el presidente Medina para dar paso a una investigación seria contra el expresidente Fernández. Ni siquiera Díaz Rúa calificó para ser investigado por estos funcionarios gubernamentales. Recientemente, el exnarcotraficante Quirino Ernesto Paulino Castillo declaró haber “invertido” millones de pesos en Funglode y esto no generó ninguna investigación judicial.

Es decir que lo que está pasando con Félix Bautista no obedece a interés genuino del Gobierno dominicano de castigar “lo que está mal”. Tampoco creo que esto obedezca al problema político que divide al PLD en estos momentos. Más bien, creo que Domínguez Brito está actuando empujado por la presión y sustento provenientes de la Embajada de los Estados Unidos de América en el país. Tres visitas del señor Brewster a la Procuraduría General de la República en menos de seis meses así lo dan a entender.

Es penoso ver que la iniciativa de establecer responsabilidades en materia de corrupción gubernamental provenga de sectores externos a nuestro país. Y no es que “los gringos no quieren a Leonel”. Es que, sencillamente, la embriaguez de poder ha afectado tanto a los actuales gobernantes, que han ignorado la línea que separa sus intereses de los de algunos grupos económicos norteamericanos. Y tendrán que pagar por eso.

No comments:

Post a Comment

Comente esta noticia aqui